Voyeurismo, narcisismo, infidelidad, bestialismo, autoagresiones,
sadomasoquismo y homosexualidad latente.
No, esto no es un listado de parafilias, sino los caminos
por los que transita John Huston, en
mayor o menor grado, en “Reflejos en un
ojo dorado”.
Basada en la novela de Carson McCullers, es un estudio sobre un grupo de individuos de
alma distorsionada, que esconden tras una apariencia de normalidad, conductas afectivas
y sexuales aberrantes reprimidas en mayor o menor grado, que Huston va desgranando a lo largo de la
cinta con su habitual maestría.
La iguana es un animal al que se puede poner en
cautiverio atándole una cuerda al cuello, así permanecerá quieta, sin debatirse para
conseguir su libertad. Si después le quitamos su atadura, el animal se
mantendrá inmóvil durante mucho tiempo, incapaz de darse cuenta de que es libre
y puede escapar.
Tenesse Williams realiza una metáfora entre actitud de
la iguana y la del reverendo Lawrence Shannon (Richard Burton) un hombre torturado, incapaz de aceptarse a sí
mismo y a su propia naturaleza, paralizado por la desesperación desde hace
tiempo; ésta como una soga alrededor de su cuello, le impide hacer uso de su
libertad para vivir en armonía física y espiritual.
“¡Espera a verme en mi próxima película, interpreto al peor bicho con el
que hayas podido tropezarte nunca!” - Exclamó desde
la acera del restaurante “21” un
jubiloso Humphrey Bogart a Archer Winsten crítico cinematográfico
del NY Post.
Corría el año 1946 y Bogie
estaba realmente excitado ante la perspectiva de volver a trabajar con su amigo
John Huston, interpretando a un
personaje muy alejado de los papeles heroicos que se le presumían por ser una
gran estrella en la cima de su carrera. Afortunadamente Bogart, por su status y por su gran tirón de taquilla, se había
liberado de las restricciones de la política del estudio y se hallaba en
condiciones de escoger los papeles que le apetecieran. Utilizó esa libertad
para interpretar a Fred C. Dobbs un auténtico looser al que la fiebre del oro y la avaricia empujan a la locura
en “El tesoro de Sierra Madre”.
Se fue Berlanga, uno de los mejores y más lúcidos directores del cine español.
Luis García Berlanga con su amigo y colaborador el escritor Rafael Azcona lograron retratar, como no lo ha hecho ningún otro con su particular sentido del humor sarcástico y de poso amargo, el carácter español y a la sociedad española durante la segunda mitad del siglo XX.
Ambos consiguieron burlar la torpe censura del régimen retratando magistral y ácidamente a la España franquista en películas del calibre de "¡Bienvenido, Mister Marshall!"(1952),"Calabuch" (1956), "Plácido" (1961) y "El verdugo" (1963) que hoy ya han adquirido la vitola de clásicos.
La llegada de doc
Riedenschneider a la ciudad va a desencadenar una serie de acontecimientos que
concluirán en un desolador desenlace.
Herr doktor después de varios años a la sombra ha
madurado un plan maestro para robar una millonaria colección de joyas, su fama
de genial estratega del robo le permitirá encontrar financiación y un equipo de
especialistas (pistolero, conductor y revientacajas) para llevar a cabo el
plan.
A partir de ahí el destino se tuerce. Una alarma
inoportuna, una bala perdida, una traición y más disparos. Finalmente el implacable
acoso policial.
Llegados a este punto solamente queda una salida: La huida desesperada de la jungla de asfalto,
ese submundo de criminalidad urbana fotografiado en un blanco y negro quemado,
que conducirá inexorablemente a nuestros protagonistas hacia la cárcel o la
muerte.
Me voy a permitir hacer una presentación de esta película
en un tono más personal de lo habitual ya que para mi este film es como un
viejo amigo.
Uno de esos amigos que conoces desde hace muuucho tiempo
y al que ves de tanto en tanto, menos a menudo conforme van pasando los años,
pero siempre que lo haces disfrutas plenamente de su compañía.
Continuando con la metáfora diré que en estos encuentros
con mi viejo amigo disfruto una vez más de los mismos hechos ya conocidos, tanto
rememorándolos como con la emoción anticipada a la rememoración. Además con el
paso de los años y con la madurez voy descubriendo otros matices que enriquecen
a mi viejo amigo y esto hace más fuerte nuestra amistad.
Y es que mi relación con “El Halcón Maltés” es así.
Disfruto de cada minuto de su metraje, de una historia
apasionante, fiel retrato de la novela del gran Dashiell Hammett, contada sublimemente por John Huston. De un Humphrey
Bogart, que alcanzó su status de estrella con este film, en una
interpretación memorable que hace que asociemos indisolublemente el personaje Sam
Spade con Bogie, borrando a
cualquier otro que lo haya encarnado o que lo vaya a encarnar. De una mujer
fatal “de libro” (Mary Astor) que
arrastra a la perdición a todo hombre que cae bajo su influencia. De unos
codiciosos y caricaturescos perseguidores del tesoro (Lorre, Greenstreet y Coock) que enriquecen cada una de las
secuencias en las que intervienen.
Y como no de ese misterioso y legendario McGuffin con forma de pájaro negro
forjado del material con que se hacen los sueños.
John Huston (5 de agosto de 1906, Nevada, Misouri - 28 de agosto de 1987, Middletown, Rhode Island) fue un director, guionista y actor de cine estadounidense, naturalizado irlandés.
Hijo del gran actor Walter Huston y de la periodista Thea Gore, paso de ser un niño endeble (tenía un soplo cardiaco) a convertirse en un potente atleta en su juventud. De naturaleza aventurera y algo alocada tuvo una vida muy azarosa.
Por admiración a México se incorporó al ejército revolucionario de Pancho Villa. De regreso a Estados Unidos inició su carrera literaria escribiendo relatos para el American Mercury. Fue militar, boxeador, periodista, dramaturgo, novelista, pintor, jinete, jugador, torero, cronista judicial, guionista e incluso actuó en muchas de sus películas.
Según sus propias palabras:
“Mi vida se compone de episodios fortuitos, tangenciales y dispares. Cinco esposas, muchos enredos, algunos más memorables que los matrimonios. La caza. Las apuestas. Los pura sangre. Pintar, coleccionar, boxear. Escribir, dirigir e interpretar más de 60 filmes.”
Ajustad la dosis de vuestro antidepresivo favorito porque
“La calumnia”, film con el que
cerraremos la programación dedicada a William
Wyler, es un drama de dimensiones épicas.
En esta película del año 1962 un Wyler que ya lo había conseguido todo en el cine vuelve a sus
orígenes con drama protagonizado por mujeres y rodado casi completamente en
interiores.
En él explora el poder de la calumnia. Ésta en manos de
ricos y poderosos provoca irremediablemente la ruina y la exclusión social de
los inocentes. También disecciona a una sociedad de valores corruptos que se
recrea morbosamente en la desgracia ajena y condena hipócritamente la
homosexualidad.
Sin
habernos recuperado del impacto de “Ben-Hur”
vuelve WilliamWyler con otra obra maestra y es que su western“The Big Country” entra plenamente dentro de esta categoría por
muchas razones. Entre ellas podemos citar el excelente uso del formato
panorámico Technirama, unos actores
sobresalientes interpretando un muy buen guión y una banda sonora de esas que
se quedan en la retina (o más bien en el tímpano) para siempre.
Con
la secuencia inicial en la que una diligencia surca al galope la inmensidad
semidesértica del far west el
directorhace ya una declaración de
intenciones, combinando las fantásticas panorámicas de este Big Country que se extiende como un
océano de tierra y polvo a lo ancho de toda la pantalla, con planos medios en
los que los caballos galopan a destajo. La rueda de la diligencia gira y gira
en un plano superpuesto al de las patas de los caballos y la chispeante música
de Jerome Moross nos mete de lleno
en el Gran País.
Y
es que el principal protagonista del film no es otro que ese sobrecogedor
paisaje de grandes horizontes en el que los individuos y sus acciones se tornan
minúsculos en medio de sus vastas extensiones.
El
reciente fallecimiento de Tony Curtis
nos lleva a hacer otro alto en nuestra revisión a la obra de William Wyler para rendir homenaje al
protagonista de clásicos de la talla de “Con faldas y a lo loco”, “Los vikingos”, “Espartaco” o “Fugitivos”.