martes, 8 de febrero de 2011

LA CAIDA DEL IMPERIO ROMANO

En ciclos de cine hemos decidido prolongar el espacio dedicado al cine de Anthony Mann con “La caída del Imperio Romano”, una de las dos superproducciones históricas que rodó para el productor Samuel Bronston en España. Pensamos, tal y como habéis sugerido muchos de los amigos que participáis en nuestro blog-filmoteca, que la inclusión de este film va a completar, de forma satisfactoria, una visión más global de la obra del autor.
Este grandilocuente film que hoy nos ocupa, es una buena muestra del llamado cine Kolossal, y en él se superponen los habituales planteamientos cinematográficos de Anthony Mann con la visión megalómana del cine que tenía Bronston. La habilidad del director para mantener un buen pulso narrativo hace que coexistan sin dificultad planteamientos dramáticos con escenas de acción, bellísimos paisajes con escenarios monumentales, y crepusculares monólogos intimistas con secuencias de masas aderezadas con música épica.

FICHA TÉCNICA: LA CAIDA DEL IMPERIO ROMANO “The fall of the Roman Empire”.
AÑO: 1964. DURACIÓN: 188 min. PAÍS: Estados Unidos.
DIRECTOR: Anthony Mann.
GUIÓN: Philip Yordan, Ben Barzman, Basilio Franchina. MÚSICA: Dimitri Tiomkin. FOTOGRAFÍA: Robert Krasker.
REPARTO: Sophia Loren, Stephen Boyd, Alec Guinness, James Mason, Christopher Plummer, Omar Sharif, Mel Ferrer, Anthony Quayle, John Ireland.
PRODUCTORA: Samuel Bronston Productions. Productor: Samuel Bronston. GÉNERO: Peplum.

SINOPSIS: El emperador Marco Aurelio, anciano y enfermo, convoca en la ciudad fortaleza de Vindobona situada en la frontera del Imperio con las tierras bárbaras del norte, a príncipes, embajadores y cónsules de todas las provincias, para comunicarles su decisión de nombrar sucesor a su hijo adoptivo, el general Flavio, en detrimento de su hijo biológico Cómodo.
Flavio (enamorado de Lucilla hija del César) no desea el poder supremo pero acepta la voluntad de Marco Aurelio, y promete llevar a cabo los planes del anciano César: Establecer la paz en las fronteras y promulgar la ciudadanía romana universal para todo el Imperio. Cómodo también convocado a la cita de Vindobona monta en cólera cuando Flavio, su amigo íntimo, le informa de las intenciones del César.


Corría el año 1964 cuando se estrenaba “La caída del Imperio Romano”. Una lujosa superproducción que contaba con un deslumbrante plantel de actores y una elaborada trama histórico-dramática, coescrita por el reconocido guionista Philiph Yordan, aderezada con intrigas, batallas, romance y acción.
A esto se sumaba la brillantez y el reconocimiento del que gozaba Anthony Mann como narrador y los recursos económicos, en esos años aparentemente ilimitados, de los que hacía gala el productor Samuel Bronston.
Grande fue la sorpresa cuando todas estas poderosas bazas no fueron suficientes para cosechar los éxitos económicos y de crítica que se esperaban obtener con la película y que venían auspiciados por los excelentes resultados previos obtenidos con la película “El Cid” (1961), primera colaboración entre productor y director, ambientada también en un contexto histórico.


Han corrido ríos de tinta tratando de explicar las razones de este fracaso y prácticamente todos los análisis que hemos leído coinciden en que mala respuesta de las taquillas fue a causa del hastío de los espectadores, saturados por la excesiva proliferación de este tipo de producciones.
Ya desde los primeros 50´s venían lloviendo títulos monolíticos del género Kolossal como “La túnica sagrada” (1953), “Tierra de faraones” (1955), “Los diez mandamientos” (1956), Ben-Hur (1959) y “Rey de reyes” (1961) que tras más de diez años reincidiendo en planteamientos similares consiguieron saturar los paladares de espectadores y críticos; la puntilla llegaría con “Cleopatra” (1963) de Joseph L. Mankiewicz, otro sonado fracaso que a punto estuvo de arruinar a la Fox y que significó el definitivo adiós al género.



Por otro lado también podríamos elucubrar sobre la más que probable confusión que sintieron los espectadores, aún fieles a este tipo de películas, que acudieron a los cines esperando encontrarse con un film de corte más populista, en el que los enormes decorados, los miles de extras, las batallas grandiosas y una bonita historia romántica les llevasen en volandas durante las más de tres horas que dura el metraje. Estos pobres incautos, de sopetón, se encontraron con un Anthony Mann, que aun no renunciando a estos golpes de efecto, construye una película con un marcado tono crepuscular e intimista, centrándose en unos planteamientos dramáticos y estéticos cercanos a la tragedia clásica y al drama shakesperiano.
Hoy en día y tratando de poner las cosas en su sitio creo que la labor del realizador merece muchas más loas que reproches. Ya que nos brinda su particular lectura del género, maximizando sus habituales reflexiones sobre la psicología de los personajes; ocupándose con detalle de estas en todos sus protagonistas: Flavio (Stephen Boyd), Marco Aurelio (Alec Guinness), Lucilla (Sophia Loren), Timónides (James Mason), Cómodo (Christopher Plummer). Y haciéndolas extensibles a las masas representadas por el pueblo romano, los bárbaros y los habitantes de las provincias orientales del Imperio; entrando ya en terrenos que sobrepasan el historicismo cinematográfico y coqueteando abiertamente con la antropología.


Especialmente destacable es la primera parte del film, mucho más manniana que bronstoniana, que se desarrolla en bellísimos paisajes nevados y en interiores en penumbra. La brillante concepción visual de Mann y la fotografía tenebrista de Robert Krasker se alían para introducirnos en un potente clima expresionista, que obligatoriamente nos retrotrae a los western y a las cintas noir del autor, en el que las interpretaciones de los actores trazan las líneas maestras del guión, que posteriormente se desarrollarán en la segunda parte de la película. El diseño de producción y la dirección artística son sumamente esmerados, si bien se ven afectados por los afanes colosalistas del productor.


En el apartado interpretativo destacan las poderosas interpretaciones de Alec Guiness, James Mason y Mel Ferrer (secundario en esta película) cada minuto en pantalla de éstos es intenso, emocionante y esta dotado de gran calidad interpretativa.
Los personajes de Flavio (Stephen Boyd) y Lucilla (Sophia Loren) no brillan tanto, especialmente la bella italiana, ya que sus roles se encuentran a veces excesivamente encorsetados dentro de un estereotipo. Todo lo contrario que el Cómodo compuesto por Christopher Plummer, más brillante y rico en matices aunque en algunos momentos ligeramente sobreactuado. Como curiosidad comentaré que la oportunidad de interpretar este papel le llegó al joven actor canadiense tras renunciar a éste el polémico Richard Harris, actor de mal beber y volcánico carácter, elegido, en un principio, para interpretar este rol, y que abandonó el proyecto por desavenencias con el director.


Finalmente no puedo dejar de hablar de Samuel Bronston, artífice no sólo financiero de la película, un hombre que logró imprimir con su sello personal todas las producciones que se gestaron en el efímero imperio cinematográfico que levantó en la localidad madrileña de Las Matas. El sello personal del productor se caracterizaba por apostar en sus películas por una espectacularidad de corte populista, dotándolas de un elenco artístico con estrellas internacionales, fastuosos decorados y grandes movimientos de masas. 
Bronston quiso construir una alternativa al poder de Hollywood en España, aprovechándose de los bajos salarios, la situación favorable para el empresario en materia de derechos laborales, y del bloqueo de la salida de divisas a las estaban sometidas las empresas extranjeras que operaban en España. El gobierno franquista, al no permitir la salida de estas divisas, propició que varias multinacionales ajenas a la industria cinematográfica decidiesen invertir ese dinero en películas rodadas en España. Y ahí estaba Bronston recogiendo el suculento flujo de dólares aportado por estos inversores, que de esta manera conseguían un producto exportable en forma de producción cinematográfica, con todos los ingredientes para funcionar excelentemente en las taquillas sacando beneficios a lo largo y ancho del mundo. Nada más lejos de lo que acabaría ocurriendo. 

Así voy a poner fin a la presentación de la película y al espacio dedicado a la obra del maestro Anthony Mann, esperando que todos hayáis disfrutado tanto como nosotros de este emocionante ciclo. Y ahora pongo la pelota en vuestro campo, vamos allá, hablemos del peplum, del cine Kolossal, de “Espartacos” y “Gladiators”, de romanos y bárbaros. Hablemos, compartamos y debatamos de cine… pues ahí quedará para siempre el cine.

29 comentarios:

  1. En esta película, la crítica se ha cebado con Bronston, y se ha olvidado generalmente de la labor encomiable de Mann. Me parece una gran película (es cierto, sobra la Loren: guapa, sí, y poco más fuera de las películas italianas). Mann hace un gran trabajo, combina con maestría operística los momentos épicos con gran cantidad de extras, auténticos recitativos, con pasajes líricos e intimistas con una historia de amor de fondo.

    La película pretendía renovar un género caduco con una ambientación inusual en "una de romanos", sustituyendo las cálidas arenas de sus precedentes superproducciones por la nieve y el bosque. Lamentablemente, no todos estaban dispuestos a aceptar estos cambios inusuales.

    Y esa carrera de cuadrigas...

    Vale, no le pongamos el sobresaliente. Dejémosle en notable alto.

    ResponderEliminar
  2. Un magnífico filme que en algunas de sus secuencias remite a Shakespeare; véanse si no el soliloquio de Marco Aurelio o la honras fúnebres que se celebran tras su muerte.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  3. @GCPG
    Coincido contigo en que estamos ante una gran película tanto en calidad, como en tamaño... La realización de Mann es excelente, toda una lección de como plasmar las reflexiones propias de un autor sin renunciar al enterenimiento y a un grandioso espectáculo. Gracias a esta sabiduría la excesiva duración de la película no pasa factura y es capaz de satisfacer adecuadamente a espectadores con diferentes tipos de paladares cinematográficos.

    La utilización de Sofía Loren como regio florero es un poco triste, pues el papel daba para mucho más, no sólo en la parte romántica sino en la de confabuladora contra el hermano díscolo... ¿Qué hubiesen hecho actrices de carácter como la Davis o Maureen O´Hara con este papel? Seguro que no habrían dejado al cinéfilo tan indiferente.
    ¿Qué le hicieron en Hollywood a la Sophia Loren de "Matrimonio a la italiana"?

    Un saludo y gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar
  4. Siempre serán una de mis debilidades , las pelis de romanos. Y las del Oeste... mi pareja siempre me dice que soy la unica mujer que conoce que le gustan las pelis del Oeste.
    Me gusta muchísimo ver a Stephen Boyd en este tipo de cine ( esta, Ben Hur...), sabías que hasta el último momento el iba a ser el Marco Antonio de Elizabeth Taylor en Cleopatra?? A eso se llama intervención del destino en toda regla... ;)

    Por cierto, Alec Guinness está como nunca, hace poco vi el Oliver Twist de David Lean y este señor no tiene comparación... todo lo hacía bien.

    Un saludo!

    ResponderEliminar
  5. @Ricardo
    Efectivamente en la excelente primera parte de la película (hasta la proclamación de Cómodo como emperador en los funerales de su padre) los ecos shakesperienos están muy presentes.
    El soliloquio de Marco Aurelio que citas me recordó poderosamente a los monólogos alucinatorios del Macbeth de Welles.

    Para mi la primera parte del film es excelente, tanto en el aspecto visual como en el ajustado tratamiento que hace el director entre las partes dramáticas y las de acción.
    Las secuencias rodadas en los sombríos interiores de la fortaleza con Guiness, Mason y el terrible ciego que compone Mel Ferrer son apabullantes. El funeral está rodado con mano maestra ¡Qué lujo de planificación!
    Como comenta Gourmet la pelea entre Flavio y Cómodo corriendo en sus cuádrigas es toda una lección de cómo se ruedan las secuencias de acción. Y la batalla contra los barbaros en las cavernas... tremenda.

    Gracias por dejar tu comentario compañero, prometo pasar por tu blog y esribir algo sobre Hitch, he llevado una semana un poco dura y apenas he podido pasarme por los blog amigos.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  6. @Lee Van Cleff
    Jejeje... no eres la única, a Cristina también le gustan las pelis de romanos y los buenos westerns... esta la acabó entera(con alevosía y nocturnidad) sin quedarse frita.

    A mi también me gusta Stephen Boyd, aunque el papel de Messala es mucho más suculento que el de Flavio y es que hacer de malote celosón da mucho juego. Lo que comentas de Cleopatra no lo sabía pero no me extraña el bueno de Stephen se encasilló un poco en papeles del género.
    Sin Richard Burton en el papel no se que habría sido de la película. Esa química fruto de la pasión que sentía por Liz Taylor se me antoja dificil de igualar por otro actor.

    Por cierto, me gustó mucho la carta de Burton que publicaste en tu última entrada, la vi anoche mientras curraba pero no pude comentar.
    Un saludo y gracias por comentar.

    ResponderEliminar
  7. Creo que hay que romper una lanza (o un "pilum") por las superproducciones "peplum" de esos años. Hablando, claro está, en general y con las oportunas puntualizaciones. Se trata de obras eminentemente "de productor", en este caso marca Bronston. De modo que cuando se extendió la doctrina gala del "cine de autor", tales productos sufrieron un menosprecio; en especial, por parte de la crítica. ¿Astérix ganó, pues, a César...?

    Sigo viendo con mucho gusto "La caída del Imperio romano". Aunque, sinceramente, me gusta más "El Cid" (una pena que no haya entrado en el ciclo). Acaso porque su estética y narrativa es más cercana al western, género, como ya sabemos,en el que Mann era un maestro. En "El Cid" se ve más la mano de Mann (si se permite decirlo así).
    Salucines.

    ResponderEliminar
  8. Tras su última colaboración, El Cid (1961), Samuel Bronston y Anthony Mann hicieron concesiones con tal de alcanzar sus intereses personales (Bronston necesitaba el pulso narrativo de Mann mientras que éste necesitaba todos los medios solicitados para ampliar los horizontes de su sentido plástico en las escenas que tenía que filmar. Sobre todo, tras el fiasco (personal y artístico) que le supuso renunciar en su anterior film, Cimarron (1960), al montaje final y rodaje en muchos escenarios naturales. Por esa razón y tras mucho empeño por parte de sus creadores, El Cid supuso una bocanada de aire fresco para el género de aventuras y un gran éxito de crítica y público. Pero su siguiente trabajo no correría la misma suerte. En él, Samuel Bronston no llegó a ponerse de acuerdo con el deseo de aproximación de Mann a la abstracción de una tragedia en la familia imperial romana.
    Elementos a destacar en la pelicula: un estilo complejo en el que Anthony Mann reflexiona sobre todo un género cargado de elementos alegóricos, con ese viento que más que un susurro es una advertencia del oscuro destino de sus protagonistas. Un tratamiento visual único, de fotografía magistral cuyos paisajes y ángulos de cámara enfrentan dureza y misterio, como la nevada hostil de las primeras secuencias. Unas secuencias de acción impactantes para la época (la carrera de cuádrigas o la batalla del este) y una trama cargada de engaños y luchas de poder (magnífico trabajo de Philip Yordan, alguien que siempre aportó indentidad a los desaguisados de su productor.

    ResponderEliminar
  9. Superproducción, yo diría megaproducción, por su grandiosidad y derroche de medios, sobre todo humanos y de dirección artística. De una enorme épica. Su tono crepuscular, como dice David, la hace distinta en ciertos aspectos, aunque su corte general sea de un gran clasicismo. En lo antes dicho habría una similitud con el western; un ejemplo lo tendríamos en Duelo en la alta sierra, de Sam Peckinpah, que sería el equivalente a La caída del imperio romano en cuanto a su relación crepuscular entre western y cine de romanos. Filmar en escenarios diferentes a los habituales del género, como en este caso paisajes nevados, o la música diferente a la que solíamos escuchar cuando veíamos un peplum de los de siempre, llena de marcialidad y aguerrida (aquí también tiene su tono marcial, pero no es tan destacado, y sí una melodía más decadente y oscura), hacen diferente a la película. Recordemos, y volviendo a la comparación con el western, lo que hizo Marlon Brando en el western El rostro impenetrable cuando usó un paisaje totalmente nuevo (el litoral con el mar de fondo y una gente que vivía de la pesca que acoge y ayuda a Brando después del castigo humillante recibido) en ese género, o si no nuevo, muy poco visto en este género en donde los kanones están muy establecidos y son muy reconocibles.

    La relación que mantiene Livio con Marco Aurelio es totalmente paternal. El emperador lo trata y lo quiere como a un hijo. Marco Aurelio es un hombre que ofrece a los enemigos del imperio la paz y la prosperidad de vivir en igualdad de condiciones que los romanos. Visto desde nuestra perspectiva democrática de hoy en día esto no está tan mal, pero podría estar mejor ya que a los extranjeros les ofrece la paz y la igualdad, pero dentro del imperio romano, como ciudadanos libres romanos, no como ciudadanos de otro estado independiente y libre. En muchos aspectos hay en ello una superioridad de lo romano comparándolo con lo extranjero, con lo bárbaro, la superioridad del más fuerte que acepta los cambios y le da derechos al bárbaro, pero no quiere ver la diversidad de otros pueblos y lo que realmente quieren… pero estamos en una época donde la democracia se entendía de otra forma, claro está, y el problema nacional no existía, aunque hubiese ese sentimiento. Marco Aurelio es un imperialista, como no podía ser de otro modo, pero suaviza ese imperialismo con igualdad y paz (auténticas) hacia los pueblos conquistados. El emperador más que guerrero es humanista; y prefiere conservar su imperio con la diplomacia y la paz que con la fuerza del sometimiento y la crueldad…ahí empiezan las diferencias con su hijo Cómodo, las que harán que piense en Livio como sucesor en contra de su propio hijo. Marco Aurelio es un pacifista, pero pertenece a una cultura marcial y conquistadora, la romana, y eso crea un conflicto permanente en su vida llena de cultura y humanidad.

    ResponderEliminar
  10. Livio, por su parte, es amigo de Cómodo. Se aprecia bastante bien en la escena del principio cuando llega el hijo del César y Livio sale a su encuentro; pero es una amistad circunstancial, después me pararé un poco más en eso. Es un hombre justo y honorable, de ahí que Marco Aurelio lo quiera como a cualquiera de sus hijos, y a esto se le une la fuerza del mejor de los generales, por lo que el César cree que es el mejor candidato para ser su sucesor… pero el problema es cómo aceptará Cómodo la decisión de su padre… ya lo digo ahora: muy mal…
    Cuando le da la noticia Livio, Cómodo no se lo cree. Le resulta muy doloroso que su propio padre lo deje fuera después de haber hecho todo lo que había estado en su mano para complacerlo ayudando en la consolidación de Roma por medio de las armas (recordemos que aquí el personaje de Cómodo es muy distinto al mismo personaje que sale en la película Gladiator, de Ridley Scott (después de todo estoy analizando pelis, no la historia), un Cómodo débil y cobarde… el Cómodo de La caída del imperio romano es valeroso y guerrero, y, por lo que se ve en la película, había colaborado en las conquistas del imperio…¿tiene esto algo que ver en la amistad que le unía –al principio- con Livio: ser los dos hombres de guerra y comprometidos con la causa del imperio (aunque después hubiera diferentes modos de ver cómo se llevaba adelante ese compromiso)?
    Cómodo siente una desesperación total cuando sabe la noticia de que su padre no quiere que herede su trono. Desde ese mismo momento ve al que era su amigo Livio de otra manera…

    Lucila es la hija de Marco Aurelio y está enamorada de Livio. Es un amor tan sincero como el amor de padre (aunque no lo sea) que siente el emperador por el general. Es una mujer que se siente sola y triste porque no es libre de hacer lo que ella quiere. Está supeditada a los intereses de Roma y no a elegir con el corazón. Su amor por Livio será de difícil consumación en cuanto a poder unirse algún día con él. Está a merced de los intereses de Roma y se siente cosificada. Como lo que más le importa en la vida es su amor por Livio (aquí hay bastante romanticismo) sufrirá mucho. Su padre la ofrecerá a un príncipe armenio (aquí no me acuerdo si era príncipe o rey) para consolidar su imperio por medio de la paz.
    Marco Aurelio, pues, sacrificará a sus dos hijos en favor del imperio. Cómodo lo odiará por ello, Lucila no, Lucila sólo sentirá tristeza, pero seguirá queriéndolo igualmente.

    ResponderEliminar
  11. Y ahora una duda: ¿Se convierte Cómodo en un ruin y malvado personaje a raíz de la decisión de su padre de no dejarle el trono, o ya lo era antes? Hay que tener en cuenta que Livio, un gran hombre, y justo, era muy amigo de Cómodo y eso podría ser así (es sólo una posibilidad) porque tal vez viera en Cómodo alguna virtud que le agradara, a parte de ser los dos hombres de armas, y ese sería un vínculo que podría hacer amistades. Lo que creo yo es que ya había una pulsión maligna en él, pero escondida, y creo que su amistad, recelosa por parte de Livio, se debía más a su vínculo de armas y camaradería que a una relación auténtica de amistad. De cualquier manera la relación entre Cómodo y Livio cambia por completo a partir de conocer la decisión del padre referente a su sucesión, como ya comenté; a partir de ese momento la relación con Livio se vuelve totalmente hipócrita por intereses de poder; aunque al final se destaparán todas las cartas.
    Su padre tal vez sospechara de ese carácter malvado de su hijo, pero no quería reconocerlo, le costaba como es lógico, y de puertas afuera (de su interior) no expresaba lo que creía para no desprestigiar ni maltratar a su hijo Cómodo, aunque en la intimidad de los más allegados sí manifestara que su carácter agresivo y nada dado al entendimiento era lo que le había llevado a tomar la decisión de apartarlo del trono.
    Hay una escena que queda algo en el aire; la escena en la que Cómodo acusa a su hermana de ser cruel con su madre el día de su muerte. Lucila sabía que su madre quería a otro hombre, y supongo que eso no le gustaba. Es curioso como Cómodo le echa en cara eso y como parece defender a la madre…esto pasa después de haber muerto Marco Aurelio. Supongo que aquí hay un resentimiento enorme de Cómodo hacia su padre y una compensación de los sentimientos acercándose a la figura de su madre ya muerta también…

    ResponderEliminar
  12. El personaje de Cómodo, a partir de cierto momento ya suficientemente comentado, se vuelve de un maniqueísmo descarado y nada disimulado. Es como un loco furioso lleno de sed de sangre por su carácter y por las patéticas circunstancias que le rodean.

    De Timoniades, personaje interpretado por el gran James Mason, decir que representa el Espíritu de Marco Aurelio en su discurso, o que Marco Aurelio representaba el Espíritu de su gran amigo Timoniades, del que no se separaba. Para él lo más importante era la pax romana, una pax que se hacía a base de igualdad.

    Hacia el final de la película hay un conflicto en Livio cuando el imperio oriental se subleva y su emperador Cómodo le dice que aplaste la revuelta. Livio se encuentra contra la espada y la pared porque Lucila forma parte de los rebeldes orientales y está casada con uno de ellos Lucila, cuando se encuentra con Livio, le dice que se una a la rebelión. Livio no acepta, es un soldado romano y debe defender los intereses de Roma… pero Cómodo, una vez aplastada la revuelta, parece desafiar a Livio y le pide algo que difícilmente aceptará.

    El final de la película es una locura, la de Cómodo y su delirio. Hace proclamarse dios y cambia el nombre a la ciudad de Roma por el suyo. El pueblo y el ejército celebran sus éxitos, aunque sean más éxitos de Livio que suyos (él se apropia de sus éxitos) y las recompensas que hace al ejército con oro son bien recibidas. El ejército y el pueblo parecen moverse por intereses inmediatos y reales más que por ideales justos. Es un final desconcertante también porque en su último acto de locura, Cómodo se ofrece a pelear con Livio por su vida. Si vence Livio será liberado, si vence Cómodo seguirá siendo emperador. Aunque en la actitud de Cómodo veo desesperación; su decisión parece ser tomada por alguien al que ya nada le importa.
    El final es genial… el puesto de César está totalmente desprestigiado y ya no tiene el valor que tenía antes. ¿Quién da más dinero por el trono? Va uno y le ofrece a un militar no sé cuanto, y va el militar y le dice todo mosqueado: “eso es muy poco”. Y es que llegó un momento en el que el trono del César no valía casi nada, comenzaba el declive del imperio romano.



    Después enumero (sólo enumero :) algunas escenas destacadas.

    ResponderEliminar
  13. @Fernando
    Estoy contigo, a mi también me gusta más el Cid, una película donde la megalomanía de Bronston queda más en segundo plano que en "La caida..." en esta parece que Bronston le quiere decir a Hollywood "Donde vosotros habeis fracasado (Cleopatra) yo voy a triunfar".
    Además en el Cid cuenta con Heston (excelente) como claro protagonista y sobre él Mann puede volcar sus habituales reflexiones. El Rodrigo de Heston le come la tostada al Flavio de Boyd, mucho menos rico y limitado por compartir el metraje con al menos otros 4 pesos pesados.
    Pero a cambio también creo que con "La caida..." Mann realiza una apuesta mucho más arriesgada. Pues como comenta Gourmet, realiza su propia relectura del género en un intento de renovación del mismo.
    Y yo creo que lo consiguio.

    Saludos y gracias por tu comentario.
    Anímate y postea "el Cid" en Cinema Genovés y así "desfaces el entuerto" en el que hemos caido al no revisarla.

    ResponderEliminar
  14. @Toni
    Describes perfectamente esa relectura manniana del género a la que hago alusión en mi anterior comentario.
    Es importante reseñar que para ello el director cuenta con Yordan, compinche habitual en estas lides, con el que se entendía de maravilla.
    El paisaje vuelve a ser fundamental el la relectura manniana, tal y como hizo en el western saca la acción del entorno habitual en el que se viene desarrollando convencionalmente en todos los films del género.
    Aquí en la excelente primera parte del film, proyecta el tono dramático y las acciones de los personajes sobre ese paisaje boscoso norteño, agreste, umbrío y nevado. El ocaso y la enfermedad del emperador. La dureza y la agresividad de la lucha contra los bárbaros.
    Una nueva lección de cine.

    Gracias por el comentario y un abrazo.

    ResponderEliminar
  15. @Javi
    ¡Guau! Vaya análisis más exhaustivo.
    Gracias por aportar estas lecturas de los personajes, en las que coincido plenamente contigo, pero me gustaría apuntar alguna cosilla más de cada uno de ellos.
    - Marco Aurelio: Al hilo de lo que comentas sobre la actitud imperielista pero magnánima del emperador, preparando la entrada leí que como trasfondo en el film había una crítica implicita a la política de la administración Kennedy con su actitud dialogante en el exterior (crisis cubana)y en el interior (marchas pro derechos humanos),una actitud amable/amenazante ya que estaba respaldada por el peso de su poder militar y por una clara voluntad imperialista.
    -Timónides: No se dice explícitamente pero Timónides es cristiano ¿no te parece?
    Maneja el mensaje de Marco Aurelio de paz, hermandad y ayuda mutua con fervor y calidez paleocristianas. Y al final cuando muere, creo que lleva un colgante con una especie de cruz. A ello se junta la actitud protomartir en la cueva, durante la tortura de los germanos y también en su muerte, pidiendo a las huestes de Cómodo que no ataquen a sus "hermanos" germanos.
    -Flavio y Lucilla: Tantos sacrificios por el imperio y ya ves... Al final hacen lo que de verdad les pide el cuerpo que es renunciar a todo menos a su amor; conducidos por la repugnancia que les produce la corrupción generalizada que ha institucionalizado Cómodo y que todo romano esta bien dispuesto a abrazar. En cierta manera ellos, que son los últimos vestigios de la rectitud de espíritu romana, se unen al carpe diem al que se han entregado ya senadores legión y pueblo. Con su renuncia a guiar Roma la caida del imperio es inevitable.
    -Cómodo: El tipo es un compendio de psiquiatría clínica. Claramente psicótico (tiene alucinaciones auditivas con las voces y risas de los Dioses) y con ideas delirantes megalomaníacas y místicas (se acaba proclamando Dios y además se cree inmortal pues piensa que Flavio no lo va a poder matar y por eso le ofrece la posibilidad de batirse en duelo). Además también le añaden unas oportunas pinceladas edípicas.
    Un personaje, como bien apuntas, infinitamente mejor resuelto que el pusilánime Cómodo de Scott.

    Y hablando de esto último, que poco se está entrando al trapo con "Gladiator", yo pensaba que al confrontarlo con una de las tres míticas películas en las que se inspiró (Espartaco y Ben-Hur serían las otras) iban a pintar bastos para la relectura del británico.

    Un saludo, gracias por el esfuerzo y esperamos impacientes tus próximos comentarios.

    ResponderEliminar
  16. La política de Marco Aurelio tiene similitudes con la de Kennedy en las maneras dialogantes y el talante. Pero no deja de ser imperialista; sería algo así como un imperialista de educación humanista. Muy acertado, creo yo.

    En cuanto a Timónides (había leído por aquí en alguna ficha de la peli Timoinides y no Timónides, pero ahora que lo vuelvo a mirar también sale Timónides – que me sonaba más, pero que al leer Timoinides en algunas páginas web me confundió-)… pues eso, que pudiera ser cristiano, sí. Al cristianismo aún le faltaba tiempo para ser la religión del estado (finales del siglo IV con Teodosio), pero supongo que ya ejercía su influencia en algunos ciudadanos romanos y había quien la practicaba aunque fuese en secreto. No creo que Timónides la practicara cuando Marco Aurelio vivía. Eran como uña y carne y Marco Aurelio no me consta que viera bien el cristianismo. Supongo que para él sería una amenaza. Tal vez la peli deja caer que Timónides, con sus conocimientos y su filosofía de la vida, tuviera un acercamiento a la religión cristiana.

    En cuanto a lo que comentas de Flavio, Lucilla (que pasa como Timónides: yo encontré el nombre como Lucila) y Cómodo decir que opino como tú también, David.

    Ya pondré algunas escenas (escenas a destacar). Un saludiño

    ResponderEliminar
  17. Dejara caer que Timónides tuvo un acercamiento al cristianismo... pero quería puntualizar que, de ser así, yo creo que hubiera sido después de la muerte de Marco Aurelio.

    ResponderEliminar
  18. Pues sí a mi me pasa lo mismo, a pesar de ser mujer me encantan las pelis de romanos, las del oeste no tanto, de hecho la serie Roma, me encanto, Marco Antonio y Cleopatra, Spartaco,
    la música, no sé... a pesar de que no es el tipo
    de cine que me gusta, estoy más en la línea viscontiniana o Chabrol, el cine de los años
    40 y 50 americano, pero es cierto ante una peli
    de romános, no puedo resistirme. De todas maneras los americanos han hecho sus pelis de romános muy sui-generis, pero la ambientación
    no hay quien les gane.
    Saludos

    ResponderEliminar
  19. Y el próximo George Cukor, joer qué bien!! :) Procuraré enrollarme menos, David.
    PD: No os perdonaría si no pusieseis en el ciclo Margarita Gautier :(

    ResponderEliminar
  20. Ya te dije hace poco que tenía deberes pendientes con Mann con este fim. Cuando la vi hace tanto tiempo no me gustó nada, y como te dije fue por esa estética del bajo Imperio Romano, tan oscuro y tan próximo, hasta que repente, me encuentro con una primera parte del Gladiator de Ridley Scott, que es la que más me gusta, y pienso: si esto lo había hecho ya Anthony Mann!!!!

    Por cierto me fascina la partituta de Tiomkin!!!

    ResponderEliminar
  21. @Susan Lenox
    Hola Susan, cuanto tiempo sin saber de ti, me alegra que te hayas pasado por ciclos de cine.

    Hay grandísimas películas de romanos que merecen la pena.
    Yo me declaro, sin tapujos, fan de "Espartaco", "Julio César" y "Ben-Hur". Y reconozco en "Quo Vadis", "Cleopatra" y "La caida del imperio romano" grandísimas películas.

    Aproximaciones más recientes como "Gladiator" se quedan en meros entretenimientos (muy bien realizados) que van perdiendo encanto con las sucesivas revisiones.
    Y lo último que he visto, un engendro titulado "Centurión" (2010), baja considerablemente el nivel de la cinta de Scott; con su penoso guión, penosos interpretes y su trama de acción redundante en el gore hasta la nausea.
    Eso sí, como tu muy bien dices, todos superbien ambientados.
    Un saludo y gracias por comentar.

    ResponderEliminar
  22. @Javi
    Me alegro que te guste la elección de Cukor para nuestro siguiente ciclo. Hoy cuelgo el post para recibir vuestras votaciones.
    Si quieres a la Garbo... a votarla.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  23. @Cinexim
    Es verdad "Gladiator" se nutre considerablemente de la trama de "La caida del Imperio Romano". Aunque la narración, los planteamientos dramáticos y la riqueza de los personajes de ésta superan abiertamente a los de la peli de Scott.
    Sólo me arriesgaría a destacar como mejor la batalla inicial de "Gladiator", sobre las batallas de "La caida..".
    Simplemente porque una batalla de las legiones la imagino así, un enfrentamiento entre un ejercito bien disciplinado, con su estrategia y su orden frente a la brutalidad y la anarquía de los barbaros. Por supuesto, el talento visual de Scott y los medios técnicos hacen mucho para que la destaque sobre las batallas de "La caida..."
    Por cierto, no se si sabías que se emplearon unidades del ejercito español para hacer de legionarios en los desfiles y batallas de "La caida...".

    Coincido contigo en que la partitura de Tiomkin es muy buena y muy original, pero siguiendo con las comparaciones entre peplums, me gusta más la de Rozsá en Ben-Hur.

    Un saludo amigo y gracias por comentar.

    ResponderEliminar
  24. Tras comentarios tan inspirados, poco queda por decir de "La caída del imperio romano" de Anthony Mann.Yo destacaría el impacto que ha supuesto la colaboración de dos hombres con enfoques y realidades diferentes. Por un lado Samuel Bronston, grandilocuente, al que debemos la espectacularidad de la ambientación, los paisajes y las multitudes. No es de extrañar que agotase su crédito en esta producción. Y por otro a Anthony Mann, intimista, comedido y reservado.Con un bagaje en el cine negro y en el western, que podemos apreciar en esta película en muchas ocasiones.Sobre todo en la primera parte del film, en la que los guiños al cine negro se aprecian en los claro-oscuros,en las tomas de primeros planos en estancias cerradas,y ese fenomenal soliloquio del viejo César.
    Las mejores interpretaciones son las de los Césares. Flavio por su parte resulta algo "plano", James Mason muy convincente, y Sofía Loren la peor del reparto. Nos ofrece una actuación encorsetada, carente de matices y aburrida.
    A pesar de la duración del film, no resulta larga. Al verla es imposible no establecer paralelismos entre esta película y Gladiator.
    Por cierto David, excelente entrada.
    Saludos a todos los blogeros.

    ResponderEliminar
  25. Mi momento favorito de "la caida..." son las escenas en las que el joven César Cómodo, va volviéndose cada vez más loco y alejado de la realidad, su megalomanía y sus paranoias establecen un paralelismo con las auténticas causas de la caída del imperio romano. No es una escena concreta sino una secuencia de ellas que a lo largo del film, que van creciendo en intensidad hasta el fatídico desenlace final,cuando caen el imperio y su César.

    ResponderEliminar
  26. Mi momento favorito, me debatto entre dos.
    Uno demasiado obvio que es el funeral de Marco Aurelio, una maravilla visual la planificación y la fotografía son magistrales.
    El otro es el del envenenamiento de Marco Aurelio, después del fascinante monólogo. La habitación en penumbra, el ciego intrpretdo por Ferrer entra en la sala, todos sabemos a lo que va, ese plano detalle cortando la manzana, la cara del ciego, muerde la manzana... estremecedor.

    ResponderEliminar
  27. ¿Saturar el mercado? No exageremos. Una película de este género se veía una cada dos años.
    En los cincuenta los italianos rodaron peplums a mansalva utilizando siempre el mismo vestuario y los mismos decorados. Entonces sí que había que hablar de saturación porque cada semana te ponían una en los cines de barrio.
    Pero superproducciones eran muy pocas numéricamente. Eso sí arrasaron.
    "La caída del Imperio Romano" era distinta, original y eso causó un cierto desconcierto.
    Aunque no es demasiado fiel a la historia. Cómodo quemó a su hermana y a su amante Flavio en la hoguera, no tuvieron el final de la película de Mann.

    ResponderEliminar
  28. @Salvador
    Te doy la razón en eso de que peplums, que además fuesen superproducciones, no había tantos. Pero lo que sí es cierto es que entre los 50´s y 60´s se hicieron más de un centenar de pelis ambientadas en el mundo antiguo.

    Pongo a este enlace de la Wiki por testigo ;)
    http://es.wikipedia.org/wiki/Peplum

    Eso sí yo estoy contigo en que "la caida..." es una peli muy especial dentro del género, fundamentalmente por la soberbia realización de Tony Mann.

    Un saludo y gracias por el apunte.

    ResponderEliminar
  29. Esta autentica obra maestra del cine CON MAYUSCULAS tuve oportunidad de visionarla por primera y unica vez en pantalla grande-luego la he visto en tv varias veces y la tuve grabada en entrañable cinta de video,hasta que esta se rompió.y posteriormente el aparato de video,que me entretuvo y me emociono durante 18 años-recuerdo que la vi en el desaparecido CINE VERNEDA del barrio del mismo nombre de la ciudad condal,iba de complemento una pelicula de la saga GODZILLA,corria el mes de diciembre de 1981,como muy subraya el comentario,la primera parte es soberbia y brilla especialmente la esplendida fotografia de robert krasker en superpanavisión-ese paisaje nevado,esos bosque s germanicos-en realidad la sierra de Madrid-el impresionante desfile de todos los representantes de las colon ias y protectorados del imperio,el lugubre y solemne entierro del emperador-brillante ALEC GUINNES-la carrera de cuadrigas entre LIVIO Y COMODO-stephen boyd y cristopher plummer-rememorando la célebre carrera de BEN HUR,que tambien contaba con el malogrado STEPHEN BOYD,un actor que parecia destinado a una brillante carrera y acabo sus dias rodando peliculas de bajo presupuesto en ESPAÑA,la ambientación y escenografia es portentosa-ese decorado de la ROMA IMPERIAL,la sala de palacio donde se halla la piscina-EFECTIvamente ,la pelicula cuenta con un brillante elenco de estrellas de hollywood y un trabajado guión,nada que ver con el clasico y barato "peplum" italo-español que entre 1957 y la realización de este colosal film inundo las pantallas europeas y luego las de todo el planeta,aqui no hay macistes,ni Ursus ,ni Hercules,es mas bien una pelicula de estilo shakesperiano-un poco en la linea de CLEOPATRA,emitida estas navidades por la cadena municipal de Barcelona BTV-el contenido de los dialogos es mas importante incluso que las secuencias de acción-por otro lado muy brillantes,ejemplo de ello son las luchas entre romanos y armenios,el rey de estos ultimos es Omar shariff,casado con la hermana del emperador de Roma,encarnada por la legendaria y todavia vivita y coleando-va a hacer 80 años-Sofia Loren-no falta incluso un cierto contenido politico,los personajes encarnados por stephen boyd y james mason desean un imperio romano multiracial y multicultural,que desparram e sus beneficiosos frutos entre todos sus subditos,es decir gozando de la ciudadania romana,naturalmente los sectores mas reaccionarios-encabezados por el emperador Comodo-desean mantener a las colonias y protectorados del imperio en absoluta sumisión y carentes de derechos,para poder explotar sin problemas sus riquezas naturales,la pelicula es entretenida y a la vez profunda,pero como ya ha expresado muy bien el comentario,eran ya muchos años de saturación de "peplum",en 1964-año de estreno de la pelicula,se rodó a principios de 1963-estabamos en visperas de la irrupción del revolucionario "spaghetti wenstern" que saturaria las pantallas universales durante una decada mas,en ambos generos-peplum spaghetti-ITALIA Y ESPAÑA tuvierón mucho que decir,ITALIA aportó directores,tecnicos,capital y protagonistas y ESPAÑA fundamentalmente tecnicos,actores secundarios y localizaciones,LA CAIDA DEL IMPERIO ROMANO no es exactamente un "pelum" sin o mas bien un KOLOSSAL-como BEN HUR,ESPARTACO O CLEOPATRA-hecho con todos los medios del mundo y mucho mejor interpretado que cualquier "peplum" del monton,tanto el "peplum" como el "spaghetti ya son lejanos recuerdos de aquella lejana epoca de cines de programas dobles que ya nunca volvera

    ResponderEliminar