En
el que sería su último film un anciano y enfermo John Huston se enfrentaba de nuevo al reto de trasladar una obra
literaria al cine, teniendo en cuenta que la obra literaria es el relato “Los
muertos” del libro de James Joyce “Dublineses”, el director no se encontraba ante una situación nada fácil.
A
pesar de las dificultades Huston consigue
realizar la transposición del lenguaje literario de la obra de Joyce (sutil y preciso, hasta en los más
ínfimos detalles, pero con una narración en la que apenas pasa nada hasta el final
del texto) al lenguaje cinematográfico con naturalidad y eficacia. Configurando
así un hermoso y crepuscular fresco de la burguesía irlandesa de principios del
siglo XX. Un mundo anclado en el pasado, un mundo inmovilista y lastrado por
recuerdos nostálgicos; en definitiva un mundo que venera a los muertos por
encima de los vivos.




